Re-evolución artística

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En tiempos de crisis, el arte se erige, con la ayuda de Internet, como un arma de seducción masiva con la que reinventar el sistema.

En medio de la tormenta, una semilla de re-evolución germina en el planeta con un mensaje alentador: los ciudadanos exigen transparencia a sus organizaciones y gobiernos, en la búsqueda colectiva de un sistema más consciente y responsable.

Los secretos desvelados por Wikileaks, el silencioso ejemplo de Islandia y las intensas revueltas de una población que ha perdido el miedo reflejan la creciente toma de consciencia de una red en crecimiento formada por individuos 2.0, nodos de información, cada vez más conectados entre sí, más conscientes a cada paso de su poder creador.

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El despertar masivo del ciberactivismo internacional, dispuesto a combatir cualquier intento de poner cerco a la libertad de expresión en el mundo, ha introducido el dedo en la llaga de las grandes corporaciones, víctimas de un sistema que ha alcanzado el límite de su crecimiento hasta polarizar las desigualdades sociales.

No sólo peligran las pensiones, se cuestiona el derecho a la sanidad y se comercializa con la educación, sino que a la misma velocidad que se restringen las libertades de los ciudadanos, la democracia se debilita al constituir un obstáculo para el mercado, que compra los medios de comunicación y su poder para moldear la voluntad del pueblo.

La mercantilización de la energía, del arte, de la ciencia y hasta de la política se ve amenazada por la utilización de Internet, punto de encuentro entre seres humanos de diferentes lugares del planeta, fuente inagotable de ideas, último bastión de la libertad. La imposibilidad práctica de controlar la Red, en un vano intento por ponerle puertas al mar, ya ha empezado a resquebrajar los pilares del sistema.

La semilla engendra múltiples ramificaciones, el río anda revuelto y cada vez más consciente de su fuerza. Como hábiles equilibristas, con la seguridad de tener la red debajo para amortiguar la caída, hordas de ciudadanos descontentos por todo el mundo manifiestan su disconformidad con la dirección en que se están desarrollando los acontecimientos.

Como emergente fenómeno de Internet, Anonymous representa el concepto de muchos usuarios de la comunidad online, o la comunidad en sí misma, actuando anónimamente de forma coordinada, sin líderes y con el objetivo común de defender la libertad en la Red frente a aquellos que pretenden cerrarla.

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La guerra no acabará mientras persistamos en la lucha contra el enemigo, sea del color que sea (piratas, gobiernos, banqueros, drogas, terrorismo…), siempre variable según nuestra posición en el tablero. Se hace, pues, necesario el diálogo entre los implicados, que los bandos enfrentados abran los ojos y se unan para crear un nuevo sistema que realmente nos beneficie a todos.

El mejor modo de luchar es dejar de atacar, sembrar belleza, aceptar la riqueza de nuestras diferencias y reparar en que nos une muchísimo más de lo que nos separa, que en las filas del enemigo se encuentran nuestros hermanos e hijos.

El aspecto más cómico de las leyes que tratan de poner cerco a la Red, como la Ley Sinde en España o la Hadopi en Francia, es la facilidad de burlarse de ellas, por lo que suponen un enorme esfuerzo energético en términos económicos y burocráticos para conseguir como resultado prácticamente nada. Las grandes empresas, las leyes, los gobiernos y los bancos constituyen entelequias a las que entregamos nuestro poder cuando luchamos en su contra.
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Detrás de esa feroz maquinaria existen personas, seres humanos, que habrán de reconciliarse con sus vecinos si no quieren ver a la humanidad condenada a la autodestrucción. Cada individuo se unirá a la ramificación con la que más resuene, pero lo cierto es que ha llegado la hora de la re-evolución artística, utilizando el arte y la red de redes como armas de seducción para reprogramar el sistema.

En el amor reside la gran venganza pacífica, el punto de no retorno en que el enemigo pierde el poder de su armamento.

Cada uno de nosotros guarda un tirano en su interior, y lo que odiamos en el exterior no supone más que un reflejo de la parte que no aceptamos de nosotros mismos, nuestra sombra, aquel camino que nosotros no hemos seguido y que tanto nos cuesta aceptar que pueda siquiera existir. Ahí radica nuestro arte. Ampliar la consciencia requiere, ahora más que nunca, escuchar al prójimo y aceptarlo como es para que podamos soñar un nuevo sistema con sitio para todos.
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«Tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo»

(Mahatma Gandhi, 1869-1948)

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