World Ayahuasca Conference

World Ayahuasca Conferenceby Igor Domingo Sacristán

Más de seiscientas personas procedentes de veinticinco países se congregaron en Ibiza entre los días 25 y 27 de septiembre de 2014 para celebrar la Conferencia Mundial de Ayahuasca (AYA2014), un evento organizado por la fundación ICEERS, con el auspicio de la UNESCO, que integró los más diversos saberes para escuchar y transmitir las sagradas enseñanzas de esta ancestral medicina amazónica. El segundo día ya presidía en la entrada el cartel de sold out, anunciando que las entradas se habían agotado.

Miércoles 24

Aterrizo en Ibiza a las 13:45 h entre una manada de jóvenes que acuden a despedir la temporada de verano en las principales discotecas de la isla. En el aeropuerto me encuentro con Jonas di Gregorio, un amigo italiano con quien coincidimos trabajando para Kosmicare en el año 2010. El sol me quita la chaqueta que traía puesta desde Madrid. Tres cuartos de hora más tarde, Esther y Fernando, mis anfitriones isleños, vienen a recogerme. Jerónimo Mazarrasa, narrador audiovisual también afincado en la isla, uno de los autores del documental The Jungle Prescription, les ha encargado una misión: hay que comprar dos cubos grandes de basura y llenarlos de hielo con objeto de refrescar las bebidas para la fiesta de bienvenida. ¿Fiesta? ¡Genial! Aunque nadie me había informado… En mitad de la aventura, el cielo se ennegrece y nos cae una tremenda tromba de agua que no dura más de media hora. Cumplida la tarea, dejamos a Fernando en casa de una clienta (la misma que le ha prestado su coche a Esther) y nos dirigimos, siguiendo las indicaciones de un SMS, a casa de Uri, una lujosa vivienda con vistas espectaculares donde nos reunimos con Jero. Pronto van a llegar los invitados y hay que tenerlo todo listo. Llega también Fiorella, la encargada de preparar los cócteles. Mientras nos sumergimos en la elaboración de exóticos alimentos orientales y brebajes made in Fiorella, comienzan a aparecer organizadores, voluntarios y conferenciantes. Sonrisas, reencuentros y abrazos, amigos procedentes de los más variados rincones… Presenciar la fiesta desde detrás de la barra tiene una ventaja: al final hablas con todos los asistentes. Y si encima son de la talla de estos excelsos compañeros de inquietudes, la satisfacción se multiplica. A eso de la media noche, decidimos retirarnos y poner rumbo a casa de Fernando, en el puerto de Sant Miquel. Al día siguiente toca madrugar.

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Jueves 25

El jueves por la mañana, Fernando me conduce a Santa Eulària. Llueve. Los primeros locales abren sus puertas, siguen durmiendo los yates en el puerto. Me cruzo con varios transeúntes legañosos, ajenos a lo que se masculla a escasos metros de allí, en el Palacio de Congresos, donde ya se perfila una prolongada cola para acceder al recinto. Dentro me reciben Pep Cura y Joan Obiols, compañeros también de Kosmicare, quienes me hacen entrega del colgante que me acredita como voluntario. ¿Qué hay que hacer? Iñaki Berazaluce, incansable reportero multiusos recientemente emigrado a la isla, tiene la respuesta: con el beneplácito de José Carlos Bouso, ha decidido incorporarme al equipo de prensa de la organización para ayudar, principalmente, con la traducción de los comunicados. Ya sabía yo que me dejaba algo: tenía que haberme traído el portátil…

Armado con mi videocámara de guerrilla, la cámara de fotos y una libreta, me dispongo a documentar la jornada. El bolígrafo me lo presta otro de los voluntarios, encargado de dispensar auriculares para la traducción simultánea. Pido perdón por no devolverlo, lo extravié el último día. En el palacio se han habilitado cuatro salas con actividades paralelas. La inauguración, prevista a las 9:30, comienza con algo de retraso por la demora en las acreditaciones. El auditorio, a quien han puesto el nombre de Richard Evans Shultes en honor al padre de la etnobotánica, se abarrota de gentes de todas las edades y pelajes que colman no sólo los asientos sino también los pasillos. El pistoletazo de salida lo efectúa Ben de Loenen, fundador y director ejecutivo de ICEERS. «Ibiza es hoy la capital del mundo de la ayahuasca», sentencia entre los vítores de una audiencia entusiasmada. Bia Labate, doctora en Antropología procedente de Brasil, corrobora sus palabras: «Se trata de un momento histórico, pues es la más grande y completa conferencia sobre ayahuasca en la historia». Una conferencia que «captura la historia de nuestro tiempo para expandir la espiritualidad de la ayahuasca como herencia colectiva de la humanidad».

León de Souza Lobo, coordinador de Políticas de Drogas del SENAD, en Brasil, habla sobre la política serena y racional que regula la ayahuasca en su país, donde varios factores han contribuido a su legalización: su uso es seguro y no crea dependencia, no está incluida en las listas internacionales de fiscalización de estupefacientes y esta legalización aparece vinculada a su uso religioso. Le sigue Amanda Fielding, fundadora y directora de la Beckley Foundation, que nos informa sobre los numerosos estudios realizados con sustancias psicodélicas como vehículo para sanar el cuerpo y la mente, así como para el desarrollo espiritual, señalando la «necesidad de cambiar la ley para llevar a cabo investigaciones que reintegren estos usos ancestrales en nuestra cultura».

Posteriormente, Joan Obiols, presidente de ICEERS, presenta a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno que ha dedicado gran parte de su vida al desarrollo de la terapia Gestalt y el eneagrama de la personalidad. Claudio comenta que su interés por la ayahuasca comenzó en su juventud tras la lectura de un libro que cogió prestado a su padre: Yo también fui cazador de cabezas, de Lewis V. Cummings, donde el explorador menciona un brebaje que proporciona actitud heroica. Años después, en una exposición sobre botánica económica en el museo de Harvard, en 1962, comprobó que la planta había sido identificada. A partir de ahí, comenzó una búsqueda que finalmente le llevaría al encuentro con las tribus indígenas amazónicas, a quienes intercambió la ayahuasca por cartones impregnados con LSD. «Los indígenas se los ponían bajo la lengua y se daban cuenta de que su mundo estaba emparentado con el mío». Para Naranjo, «legislar represivamente sólo crea hipocresía y delincuencia. (…) Mantener la prohibición de algo tan importante al final lo convierte en clandestino. Es como prohibir el fuego. Y sí, el fuego es peligroso, sobre todo si lo enciendes en medio del salón de tu casa». Y no sólo eso, sino que va más allá: «no basta con que se rompa la prohibición; además, se ha de formar a las personas», abogando por la creación de escuelas donde los alumnos aprendan a manejar tan potentes herramientas.

Después del café, en la sala 2 (Caapi Room) tiene lugar el foro legal, donde Ben de Loenen y Òscar Parés hablan de ICEERS y los desafíos en la globalización de ayahuasca, mientras que Eli Sheiner y Timothy Nest presentan Viridis, una plataforma internacional para la investigación y la legalización de herramientas terapéuticas y espirituales. Jonas di Gregorio, co-fundador de la asociación italiana Libertà Cognitiva, diserta sobre el concepto de libertad cognitiva en relación con las políticas de drogas. Charlotte Walsh argumenta sobre el difuso estatus legal de la ayahuasca en Inglaterra, y Jonathan Hobbs presenta procedimientos concretos acaecidos en los tribunales británicos. Por su parte, Roberto Castro Rodríguez recuerda los juicios que han tenido lugar en la jurisdicción española.

Simultáneamente, en el auditorio llega el turno de la etnobotánica. El primero en tomar la palabra es Juan González Simonneau, conocido entre los amigos como Juan Plantas (y también como Papá Pitufo), a quien tuvimos ocasión de entrevistar para el documental Ecotonía: la semilla de la vida. Para ilustrar su conferencia, Juan recurre al concepto de dualidad, desde la propia morfología de la planta, que se enrosca sobre sí misma para elevarse, lo cual tiene mucho que ver con su efecto, hasta su preparación, que requiere la intervención de dos plantas, o el propósito de curación de cuerpo y alma. Una dualidad integradora que encontramos también en otras representaciones, como hélices, serpientes enroscándose o la cadena del ADN, escalera de caracol que une la Tierra con el cosmos. Otras imágenes que ilustran estas visiones dualistas son la serpiente bicéfala, el Ouroboros, el infinito o el círculo de la vida.

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Juan, psicólogo y etnobotánico que desde hace más de una década empuña el timón de la Asociación Sábila, se inició con las plantas maestras de la mano de la Datura stramonium, que le mostró el arte del acecho, a la cual seguiría años después la mandrágora, una de las especies vegetales más desconocidas en Occidente y con una fama injusta pero que fue clave en su experiencia, enseñándole el anillo o círculo sagrado. La visión del laberinto fue lo primero que aprendió al encontrarse con la ayahuasca. Tras desentrañar los corredores laberínticos del ego, sintió la necesidad de ayudar a los otros en su proceso. La ruda siria, los psilocibes o las amanitas fueron otras de las llaves que utilizó para descubrir lo que esconden al otro lado las puertas de la percepción.

A continuación, Glenn Shepard nos ilustra sobre chamanismo y etnobotánica en la tribu amazónica de los matsigenka. Para ellos, la transformación en jaguares u otros animales forma parte de la esencia fundamental humana: se trata de un cambio de perspectiva. Los matsigenka utilizan diversas plantas de la jungla, como tabaco, brugmansia, brunfelsia, ayahuasca y especies de Cyperus infectadas con el hongo Balansia, y son los chamanes los encargados de custodiar esta agrobiodiversidad.

DSC06642El siguiente en intervenir es Jonathan Ott, autor de numerosos y muy exhaustivos artículos y libros sobre etnobotánica (entre ellos, Pharmacotheon, Pharmacophilia o Análogos de la ayahuasca), quien nos recuerda que la ayahuasca no es sólo una mezcla de dos plantas, pues se conocen un centenar de aditivos, entre los que destacan el tabaco, la hoja de coca, la brunfelsia o la brugmansia. Eso sí, todas las pócimas contienen plantas triptamínicas. En cuanto a la Banisteriopsis caapi, Ott nos cuenta que su principio activo, la harmina, tiene un efecto bastante sedante y visionario, provocando estímulos de luz sin que haya luz.

Mientras tanto, en la sala 3 (Visions Room) se proyectan los documentales Vine of the Soul (Richard Meech, 2010) y Ayahuasca: volver al ser (Fabiola Simonetti y Coto Cañas, 2014), en la que tres personajes toman un avión hacia la selva iquiteña con el fin de encontrarse con la magia de la ayahuasca.

Por su parte, en la sala 4 (Rites of passage room) tienen lugar las presentaciones de libros, con títulos tan atractivos como Uso de la ayahuasca en el contexto del Santo Daime (Isabela Oliveira) y Bufo alvarius: el sapo del amanecer (Octavio Rettig Hinojosa).

«Imagina por un momento estar parado mirando al cielo, vaciar de aire los pulmones, y en un instante, después de una profunda fumada del Sapito, estar viajando con los ojos abiertos a una velocidad inusitada, expandir tu ser hasta desintegrarte, atravesar el sol de nuestra galaxia, seguir viajando más allá del tiempo y el espacio, llegar hasta el sol central, entrar a la fuente dorada de luz, fundirte en el amor incondicional, re-configurarte, re-calibrarte, re-enfocarte, y luego, de repente regresar, volverte a integrar, aterrizar de nuevo en medio de una sensación de haberte ido de este plano por mucho tiempo, quizá años, y con la certeza total de que quien retornó no es el mismo que se fue. La mirada ha cambiado, es otra, más afinada, profunda y cristalina. El peso corporal también se siente distinto, como si uno se hubiera aligerado durante el viaje, regresando libre de culpas y arrepentimientos, con una sensación plena de bienestar y paz. Y esto sucediendo en un espacio de tiempo de 5 o 10 minutos según el reloj de nuestra lógica temporal. Es una implosión interna, completa locura, que echa para abajo todos los pre-conceptos del mundo de las apariencias y las formas, de una vez por todas».

Santiago Pando, prólogo del libro Bufo alvarius: el sapo del amanecer.

En Ayahuasca: liana del ver, cordón del Universo (Kajuyali Tsamani), William nos habla de este bejuco sagrado como cordón umbilical que une lo cotidiano con lo sutil, desnudándonos de todo artificio mental e invitándonos a experimentar la magia que surge de los estratos más profundos del Universo.

kajuyaliTras la pausa para la comida, ofrecida por un exquisito y muy atento servicio de catering, nos esperan en el auditorio los chamanes para hablar de los usos indígenas de la ayahuasca. La charla empieza con el taita Juan Bautista Ágreda, curandero colombiano de la comunidad kamentsá, quien en 2010 fue recluido cerca de un mes en una prisión estadounidense por posesión de yagé. «Para unos es medicina, para otros es droga», afirma. «Cuando yo era niño, mi padre nos comenzó a infundir el misterio de curar y sanar (…) El yagé es una medicina muy sagrada. Muchas personas llegan a los rituales buscando una experiencia alucinógena, cosa que es una total equivocación, nunca nosotros lo hemos utilizado para tener alucinaciones, cosas que no sirven, y mucho menos para estar trabado. También me preguntan si el yagé es adictivo. Si fuera adictivo, en los 46 años que llevo, tal vez estaría más loco de lo que estoy». Según Juan, la clave de esta curación se encuentra en que la medicina nos obliga a aterrizar: «Si uno está en diferentes mundos, esta medicina lo incita a estar en la tierra, no a andar volando con tantas locuras». A pesar de todo, nos advierte: «si la utilizamos bien, va a sanar, y si no, va a enloquecer».

Aunque en el programa aparece el nombre del taita Franklin Columba, de Ecuador, finalmente no es posible su presencia y se le pide a William Torres, más conocido como Kajuyali Tsamani, chamán colombiano descendiente de un pueblo nativo ya desaparecido, que nos dedique unas palabras. Su historia resulta conmovedora: «Muy pronto, sintiéndome huérfano de las tradiciones sagradas, tuve la oportunidad de ir a la región de la Amazonia para ser acogido por un gran maestro, un gran abuelo del pueblo muinane (…) Después de estar doce años conviviendo con este querido abuelo, conociendo y recibiendo su tradición, (…) en una ceremonia especial con la planta del tabaco, mi abuelo le pregunta a la planta dónde me correspondería recibir el aprendizaje de la sagrada ayahuasca. Los dos bebimos una cantidad muy grande de un concentrado de tabaco, y mi abuelo tuvo una visión: debo ir al valle de Sibundoy a encontrarme con un abuelo de esa comunidad que me va a saludar diciéndome: “te estoy esperando”. No hay ninguna otra información. El valle de Sibundoy es muy conocido en todo el mundo como una región con un número muy grande de taitas de esta tradición. Cuando llego, me dirijo justamente a la casa del taita Martín Ágreda, quien, en el momento en que me ve, me dice: “Bienvenido, te estoy esperando”. Fue justamente la señal que había dado el abuelo del Amazonas». Desde entonces, comenzó una intensa y muy bonita relación con el padre de Juan Bautista Ágreda y con la ayahuasca, aunque nos advierte que «ésta es una tradición sagrada milenaria y es muy importante que se entregue tal y como fue entregada por los abuelos».

Hace unos meses, tuve el privilegio de asistir a una ceremonia de ayahuasca con Kajuyali en Holanda y he de confesar que me sorprendió gratamente la tremenda belleza del trabajo y la armonía colectiva que emanaban su familia y su equipo de colaboradores. Acostumbrado como estoy a repetir la dosis, esta vez no hizo falta: por vez primera, no percibí visiones con los ojos cerrados sino que, al contrario, la abuelita me invitaba a estar presente, despierto, en constante acecho, con los ojos bien abiertos, hacia afuera y no hacia adentro como en ocasiones anteriores. La misma sensación se ha venido repitiendo cada vez que fumo changa o vaporizo DMT desde entonces, y tampoco las experiencias con LSD u hongos han vuelto a ser las mismas, como si, en cierto sentido, al mantener elevada la vibración se hubiera esfumado la psicodelia. Incluso fumar 5-MeO-DMT, que otrora me desintegraba en millones de partículas, ha resultado una vivencia más terrenal y consciente. Atravesada la oscuridad, la luz es el camino que me toca recorrer, y no parece que haya vuelta atrás. Pese a echar de menos la integración posterior de la vivencia o la libertad de consumir cannabis durante la sesión, jamás olvidaré aquella velada, que suponía un inmejorable colofón a una intensa semana entre Bélgica y Holanda extrayendo exquisitas esencias medicinales junto a Kim, mi hermano belga, otro de los integrantes de la tribu Alter Consciens.

DSC06646Y de Colombia nos trasladamos a Brasil. Siâ Kaxinawa, líder de los indígenas huni-kuin, nacido en el Estado de Acre, nos recuerda que «es importante que la gente utilice bien esta medicina, no es para utilizarla con mala intención». Para ello, han editado un libro, Una Isï Kayawa (Libro de la cura), donde registran su cultura y sus mensajes. La comunidad huni-kuin está compuesta por 12.000 indígenas en lucha por la supervivencia de sus tradiciones. «Nosotros tomamos ayahuasca desde hace 450 años y hemos visto muchas cosas. Estamos aquí para dar continuidad a las medicinas de la floresta, las cuales utilizamos con mucho respeto y seriedad». Según este curandero, «la medicina no resuelve todo, pero sí enseña el camino correcto. Nos ayuda a alimentarnos bien, a relacionarnos unos con otros». Siâ añade que «pensar que es una droga que vuelve loca a la gente es lo que está impidiendo la exportación de la medicina a Europa», razón por la cual desea que «las autoridades la admitan y acaben aceptándola». Asimismo, nos expresa el deseo de «que este mensaje les ayude a tomar consciencia de la opresión y el sufrimiento por el mundo». Tras él, su hijo Leopardo, ataviado también con un penacho de plumas, nos deleita con un ícaro de la tradición kaxinawá, al tiempo que advierte, para hacer frente a los impostores, que «un verdadero chamán no dice nunca que es un chamán».

The Path of the Sun (Seti Gershberg, 2013) es una serie documental, dividida en dos capítulos (Q’ero Mystics of Peru y Ayahuasca Nature’s Greatest Gift), que ofrece respuestas a diferentes preguntas sobre nuestra existencia, espiritualidad, psicología, desarrollo personal, nuestra relación con la naturaleza y la curación. La serie explora con detalle la floreciente explosión turística de la ayahuasca, los peligros de viajar al Amazonas a tomar y los inmensos beneficios de la ayahuasca para curar desórdenes psicológicos, así como exitosas opciones de tratamiento para el trastorno de estrés postraumático o las adicciones al alcohol y otras drogas.

Por su parte, Ícaros (Georgina Barreiro, 2014) explora el universo espiritual del pueblo shipibo que habita a orillas del río Ucayali de la mano del joven Mokan Rono, quien emprende su camino en el ancestral conocimiento de la ayahuasca guiado por un sabio chamán y por su madre, maestra curandera.

En Ambi, medicina para el alma (Juan Diego Sánchez Acila), Henrri Danilo Muchavisoy, un joven nativo del piedemonte amazónico, con un legado ancestral, fruto de su formación como médico tradicional indígena, llega a tierras antioqueñas a compartir su visión de la vida por medio de la música y el manejo del yagé. Por otro lado, AYA: Awakenings (Tim Parish, 2014) es la adaptación cinematográfica del libro de culto Aya: A Shamanic Odyssey, de Rak Razam, una mirada al chamanismo amazónico del siglo XXI y su choque con el turismo espiritual practicado por los pueblos de Occidente.

El foro legal continúa en la sala 2 con la intervención del psicólogo argentino Gerónimo Tejedor Arvigo, que sufrió una aparatosa intervención policial durante una de sus terapias con ayahuasca, lo que le obligó a detener su actividad hasta el día de hoy. Le sigue Javier Esteban, polifacético escritor, profesor y agitador cultural, autor de obras tan lúcidas como El derecho a la ebriedad, quien parlamenta sobre la libertad de consciencia, la libertad de culto y la salud pública, con especial atención al caso de las iglesias ayahuasqueras. Roy S. Haber, representante legal del Santo Daime en Estados Unidos durante quince años, cuenta cómo consiguieron finalmente el permiso para el uso religioso de ayahuasca en su país. Pien Metaal, coordinadora del proyecto Transnational Institute (TNI), presenta su trabajo de investigación «Scheduling in the international drug control system», sobre la clasificación de sustancias en el sistema internacional de control de drogas. Y Ethan Nadelmann, director ejecutivo de la Drug Policy Alliance, describe su empeño por reducir el rol de la criminalización de drogas para proteger la seguridad pública y la salud.

Tras otra pausa para tomar café, a las 18:00 comienza la última mesa en el auditorio: la destinada a los usos clínicos. El primero de los ponentes es Gabor Maté, médico canadiense que no se encuentra físicamente en Ibiza pero se conecta con nosotros por vídeo-conferencia. Según Gabor, para el tratamiento de cualquier adicción, la ayahuasca ayuda a descubrir dónde se originó: en el dolor del niño, en un trauma infantil que no ha sido resuelto. «En los catorce años que llevo trabajando con adicciones, todos mis pacientes han sido traumatizados cuando eran niños: han sufrido abusos sexuales, han sido rechazados o abandonados, han sido víctimas de abusos emocionales o no han sido aceptados como son». El doctor Maté, autor de In the Realm of Hungry Ghosts: Close Encounters with Addiction, encontró en la medicina amazónica el remedio que buscaba. «Cuando empecé a administrar ayahuasca hace seis años, entendí que puede mostrar a la gente muy profundamente que su enfermedad, ya sea física, psicológica o mental, es el resultado de huir de un cierto dolor. Si visitamos al niño que vive su dolor con la comprensión y la visión del adulto, podemos de hecho curar ese dolor, podemos cuidar esa parte de nuestra alma que nos está doliendo, y eso parece ser lo que ocurre exactamente en la experiencia con ayahuasca». Pero no sólo eso: «También nos enseña que no somos nuestras experiencias, que no somos nuestros pensamientos, que no somos nuestras creencias, que no somos nuestros comportamientos… Hay un ser verdadero y esencial que todos somos y que no está basado en el condicionamiento de lo que vimos u oímos en nuestra infancia, sino que hay algo mucho más profundo, más universal y más humano, que es nuestro ser fundamental, el cual no tiene que ver con nuestra historia o con nuestras experiencias. Este ser fundamental está conectado con algún tipo de realidad superior. La sensación de soledad y separación, y el dolor que esto provoca, es realmente una ilusión». Asimismo, añade: «La ciencia occidental no ha demostrado que se puedan separar la mente y el cuerpo: de hecho, el sistema inmunológico, el aparato hormonal, el sistema nervioso o el sistema cardiovascular no pueden separarse del sistema emocional de nuestro cerebro». Finalmente, el doctor Maté nos recuerda que «no es la ayahuasca la que te cura: tú te curas a ti mismo con ayuda de las visiones que te ofrece», y que utilizarla requiere un ritual apropiado y apoyo psicológico para integrar la experiencia.

Posteriormente,  Josep Mª Fàbregas, psiquiatra y fundador de dos centros para el tratamiento de las adicciones (CITA, en Barcelona, e IDEAA, en Brasil), nos cuenta que, al contrario de lo que sucede en la medicina, en psiquiatría se siguen utilizando los mismos medicamentos que hace sesenta años, los cuales atacan los síntomas pero no acuden a la raíz del problema. «La psiquiatría necesita abrir nuevos caminos, y la ayahuasca puede ayudar, pues nos permite vernos a nosotros mismos». Sin embargo, no vale para todos los casos: mientras que sirve de ayuda para el trastorno de estrés postraumático, por ejemplo, no resulta sin embargo recomendable para personas que sufren brotes psicóticos. Según Fàbregas, «nuestro reto hoy es poner ciencia en nuestra consciencia».

Hace ya unos cuantos años, mi compañera Ianire y yo estuvimos a punto de ir a trabajar a IDEAA, en la selva brasileña, tan a punto que llegamos a ponernos todas las vacunas para viajar a la jungla. Finalmente y por causas que aún desconocemos, Mia se retractó y no quiso pagarnos el viaje. Supongo que, simplemente, no era el momento. Durante las negociaciones, estuvimos en Barcelona colaborando en una investigación con ayahuasca en un precioso emplazamiento situado en la montaña, y también participamos en una ceremonia en casa de su ex paciente Pep Cuñat. La obligación de vestir de blanco, el hecho de que a determinada hora se diese por concluida la sesión (hubieras o no aterrizado), ofreciendo cocacola y jamón serrano y hablando de fútbol en catalán, sin ningún atisbo de integración, no tenía mucho que ver con el tipo de ceremonias a las que estábamos acostumbrados, aunque hay que reconocer que la selección musical y el trato recibido fueron exquisitos, por lo que también he de expresar mi más profundo respeto por su trabajo. Lo más extraño fue atravesar las Ramblas, en mitad de la noche, aún bajo los efectos de la DMT y siendo abordados por un grupo de prostitutas mientras nos dirigíamos a tomar el tren que nos llevaría a La Floresta, a la casita de cuento que Bego y Kampa okupaban enfrente de la estación, la cual sería también nuestra morada tiempo después, justo antes del desalojo y derribo definitivos. También debo decir que, según me han comentado, las ceremonias de Pep han cambiado mucho desde entonces, tanto en el emplazamiento como en la estructura, y que ahora muchos se quedan a dormir allí después del viaje.

Anja Loizaga-Velder, directora de investigación y psicoterapia del Instituto Nierika en México, persevera en el tratamiento de adicciones con ayahuasca. Tras vivir varios meses en la selva, lleva quince años acompañando a gente en el trabajo de integración de tomas de ayahuasca. Aunque de momento no suministran la sustancia, se encuentran en trámites para poder hacerlo en un futuro.

Doctorado en Salud Mental por la Universidad de São Paulo, el doctor Rafael Sanches, que coordina el Ambulatorio de Trastornos de la Personalidad, fue investigador en un estudio con dosis única de ayahuasca en pacientes con depresión para observar su efecto antidepresivo y las alteraciones de neuroimagen. Según Rafael, «los resultados son alentadores: estos enfermos han experimentado mejoras que ninguna medicina occidental les había proporcionado antes. Pronto también utilizaremos ayahuasca en experimentos con personas que sufren trastornos de personalidad».

Mientras los terapeutas ocupan el auditorio, la sala 2 acoge a unos ponentes más heterogéneos. La artista Vanda Mikoloski, con más de treinta años de experiencia en la stand-up comedy, cuenta en clave de humor lo que ha aprendido en sus viajes con ayahuasca, los cuales resultan «histéricamente divertidos». Mark Waking Light, por su parte, ofrece una sesión interactiva, ilustrada con arte y poesía visionarios, donde despliega una selección de técnicas prácticas extraídas de la hipnosis, el chamanismo, el yoga o el tantra. Érika Fernandes-Pinto y Benki Piyãko Ashaninka presentan un trabajo que refleja la importancia de los rituales chamánicos con ayahuasca en procesos emergentes de recuperación de las consciencias indígenas y sus elementos culturales en el Estado de Acre, al tiempo que Isabela Lara Oliveira discute algunos conceptos importantes y revisa experiencias exitosas con ayahuasca que están ayudando a la sociedad contemporánea a construir una coexistencia armónica con las drogas. Sitaramaya presenta un trabajo de campo sobre dietas con plantas maestras del chamanismo shipibo en un contexto urbano norteamericano, donde los pacientes manifiestan haber experimentado curación física, mental y espiritual. La jornada en esta sala finaliza con Victoria Sinclair, que explora el uso de la ayahuasca como catalizadora de un acceso acentuado a los dominios transpersonales y su relación con el despertar del conocimiento de la ciencia nativa.

La última película del día en la sala 3 es Neurons to Nirvana (Oliver Hockenhull, 2014), que mediante entrevistas a los más punteros psicólogos y científicos explora la historia de cuatro potentes sustancias psicodélicas (LSD, psilocibina, MDMA y ayahuasca), enfocándose estrictamente en los aspectos científicos y las propiedades medicinales de estas drogas.

Mientras tanto, en la sala 4 se proyectaba la película The Shaman’s Last Apprentice (Alexander Ward, 2013), un documental que narra la historia de Rebekah Shaman, que en 1997 siguió una visión que recibió de un chamán que la llamaba al Amazonas, donde encontró y estudió intensivamente con un poderoso ayahuasquero. También se presentó el libro del mismo nombre, escrito por la propia Rebekah.

Y, por último, Cognition Factor (Mike Kawitzky, 2009), donde se recogen conversaciones con los hermanos McKenna, Ralph Abraham, Rupert Sheldrake, Ralph Metzner, Alex Grey y otros veinte grandes pensadores de nuestro tiempo.

Tras abandonar las conferencias, aún me espera una grata sorpresa: mi buen amigo Alejo Alberdi, el más incendiario antiprohibicionista de la red, que se encuentra de vacaciones en la isla, ha conseguido burlar la seguridad para saludarnos y dar el pésame a Bouso por el reciente fallecimiento de su padre. El imponente aguacero que nos espera a la salida del Palacio de Congresos no sólo provoca la suspensión del concierto que Kiko Veneno iba a ofrecer en Las Dalias, sino que más de uno llega chorreando a casa, y si no que se lo pregunten a Iñaki, que tuvo que trasladarse hasta la ciudad de Ibiza en moto. Además, las carreteras ibicencas, poco preparadas para la lluvia, albergan enormes bolsas de agua sobre el asfalto, provocando salpicaduras y aquaplaning a discreción. Abortado el concierto, antes de retirarnos a dormir, Fernando, Esther y yo decidimos cenar en el restaurante Escándalo, en el Port de San Miquel, con una comida exquisita por un precio bastante asequible.

Viernes 26

El viernes, tras desayunar en una cafetería de camino a Santa Eulària, Esther y yo llegamos al Palacio cuando ya ha comenzado la mesa dedicada al desarrollo personal. Claudio Naranjo, encargado de abrir la sesión, habla de que el verdadero trabajo no se encuentra en el viaje con ayahuasca. «Depende de nosotros que esos efectos transitorios entren en nuestra vida a través de nuestra comprensión, a través de la inspiración que nos traen, pero sería poco realista esperar que una experiencia de por sí sea permanente cuando es tanto lo que hay que deshacer, tanta estructura en nuestro mundo interior que es mala estructura. El ego tiene su estructura, es una programación que se ha hecho en nosotros como adaptación a una vida dolorosa, especialmente durante la infancia. Entonces, deshacer los programas de una vida en una sesión es mucho pedir». El precursor de la psicología transpersonal añade: «Es cierto que ciertas experiencias pueden cambiar una vida, pueden influir profundamente en la vida, pero es más legítimo pensar que son ayudas del cielo, como las experiencias místicas. Una experiencia mística no es quedarse en el cielo, sino que el que llega al cielo tiene que mirar para abajo y decir: “¿Ahora cómo voy a vivir de acuerdo a este estado que estoy comprendiendo? ¿Cómo encarno esto?”. Y eso puede tomar mucho tiempo. En mitología, es el viaje del héroe, viaje de ida y vuelta al más allá, y la vuelta es más difícil que la ida, como famosamente expresan La Ilíada y La Odisea, hay que liberar a la princesa que ha sido raptada para recuperar el alma. La vuelta a la Tierra es el viaje más difícil, el que Odiseo hace perdiendo todas sus naves y sus hombres y quedando desnudo, logrando recuperar su reino». Eso sí, hay que acudir con intención de atender a las visiones: «Antes de ir a un oráculo, uno tiene que estar dispuesto a hacerle caso, porque si no el oráculo no le habla. Nos habla una experiencia de éstas en la medida en que decimos: “escucho y obedezco”. El que oyó y no le hace caso o traiciona su intención de buscar una verdad para traerla al mundo, para aplicarla, en cierto modo es castigado (…), se va diluyendo lo que nos dan los fármacos en la medida en que fallamos en nuestro aprovechamiento». Para finalizar, Claudio nos advierte que «lo que más hace falta es que uno no sea tan tragón y chupón que quiera vivir de pura ayahuasca sin hacer camino. Hay que hacer camino, el viaje interior requiere que uno haga ciertos esfuerzos, diversos tipos de esfuerzo: esfuerzos de entrega, esfuerzos de amor, esfuerzos de poner atención… Son tantas las dimensiones del viaje, uno debe tener un sentido de cómo es el proceso de transformación o el trabajo interior, como quiera que se lo llame. Entonces, confiarse demasiado en la dieta de la planta mágica yo creo que es un vicio».

Luis Eduardo Luna, director del centro Wasiwaska en Florianópolis (Brasil), nos habla de su trayectoria, sus relaciones con Terence McKenna, Shultes, Pablo Amaringo y otros ilustres personajes de la psiconáutica mundial. En Finlandia, estudió en la escuela donde había sido profesor Rafael Karsten, el primero que hizo estudios antropológicos sobre ayahuasca en los años veinte. En 1984 publicó un estudio llamado «El concepto de plantas maestras en cuatro chamanes mestizos de Iquitos, en el nordeste peruano», que significaba una ruptura epistemológica, pues era la primera vez que aparecía en literatura científica la idea de que es posible aprender de las plantas. «Mi interés estos últimos años ha sido sobre todo histórico, y un libro que me impulsó fue The Great Divide, del historiador Peter Jackson». Además, este incansable investigador colombiano nos remonta a las raíces de la medicina amazónica: «El énfasis en Eurasia ha sido la domesticación de los animales y en América la domesticación de las plantas, especialmente las plantas sagradas. También sabemos ahora que en el Amazonas hubo alta civilización, posiblemente tuvo diez, quince o veinte millones de habitantes, por lo que tenemos que pensar en la ayahuasca como algo originado de una alta civilización, no es una cosa extraña que unos pueblos primitivos encontraron y tal, no, yo pienso que esto es alta tecnología». Luis Eduardo insiste: «La ayahuasca ha sido fundamental en el arte de los grupos indígenas, en la narrativa… Todo el complejo de estados modificados de consciencia es fundamental para comprender las culturas americanas: sin la referencia a las plantas sagradas no podemos entender realmente el continente americano antes de la conquista. Recordemos que en América había posiblemente cien millones de habitantes, era una tercera parte de la humanidad de aquella época. Y hay que recordar también que en un plazo de 150 años desapareció entre el 90 y el 95% de la población de América, lo que significa una pérdida enorme, no solamente demográfica sino también cultural». La charla termina haciendo alusión a los últimos descubrimientos científicos: «Un grupo de húngaros acaban de publicar las funciones fisiológicas del DMT a nivel inmunológico. Para mí, la revelación es cómo una molécula simple que tiene una facultad a nivel inmunológico al mismo tiempo nos da esa perspectiva visionaria: la misma molécula actúa a nivel celular y por otro lado nos da estas visiones». Y acaba con una metáfora de los kamsá del Putumayo: «La ayahuasca es un nuevo cordón umbilical que nos conecta con el Universo».

El siguiente en tomar la palabra es Manuel Villaescusa, psicólogo y psicoterapeuta madrileño que conoció la ayahuasca con un grupo de brasileiros pertenecientes al Santo Daime mientras estudiaba un máster en Psicoterapia en Londres. Al reparar en el elevado número de casos de adicciones resueltas a raíz de participar en estos rituales, decidió desarrollar su tesis de maestrazgo sobre los efectos terapéuticos de la ayahuasca en estas personas. Posteriormente, se trasladó a trabajar a IDEAA durante cuatro meses con su mujer, Anna, profesora de yoga, acompañando a una docena de toxicómanos en la jungla, con mucho énfasis en el proceso de integración. Diez años después, muchos de ellos continúan limpios. También formó parte del equipo de Kosmicare (por aquel entonces llamado Cosmikiva) en el Boom Festival 2006, donde compartimos training pero ejercimos muy diferentes labores, pues yo acudía como coordinador de Energy Control para analizar, junto al proyecto portugués Check-In, las sustancias presentes en el festival. Allí, conoció a un grupo de terapeutas suizos, con los que empezó a formar grupos de crecimiento personal que toman ayahuasca cuatro veces al año. Le sorprendió comprobar que la gran mayoría de los que participan en estas sesiones son profesores, quienes mencionan la importancia de los días posteriores y cómo aplican las enseñanzas de la ayahuasca en sus trabajos. Respecto a los efectos de la medicina, Manuel nos habla de cohesión grupal, disolución de las fronteras individuales, permeabilidad y empatía. «Uno de los grandes motivos de sufrimiento del ser humano cuando se siente completamente aislado del entorno es el sufrimiento de la separación. Decía Heidegger que estamos arrojados a un mundo externo a nosotros que nos puede matar en cualquier momento, que nos va a matar en algún momento, y eso crea el denominado sufrimiento existencial. Con la ayahuasca hemos visto que ayuda mucho a curar eso, y además a su manera. El miedo a la muerte la ayahuasca lo cura matándote». A modo de ejemplo, nos menciona la metáfora del espantapájaros: «Los espantapájaros dan miedo a los pájaros, los ahuyentan, pero si los pájaros supieran realmente qué es un espantapájaros verían que se trata de una señal que dice: “aquí hay comida” (…) Con la ayahuasca es muy parecido: cuando hay algún miedo, nos lo enseña, porque amplifica todo lo que hay dentro. Nos está mostrando en qué punto estamos sintiendo más separación del entorno (…) Y eso nos da una oportunidad de sanar esa separación». Otros beneficios de la ayahuasca serían la creatividad, el desarrollo musical, la resolución de traumas infantiles y depresiones, el vómito de miedos u odios anquilosados en el interior y la inmensa gratitud ante el milagro de estar vivos y conscientes.

Con Manu he tomado ayahuasca en numerosas ocasiones, e incluso se lo recomendé a mi madre para que la abuelita le ayudara a superar el divorcio de mi padre: después de sentir que él era un tronco con profundas raíces que le absorbían la energía, consiguió vomitarlo, pero cuando la ayahuasca le dijo que el siguiente paso consistía en soltar a sus hijos, se negó en rotundo y no ha vuelto a querer saber nada del tema… La historia sirvió de inspiración para uno de los personajes de la novela Habitación doble, de Luis Magrinyà. Si algo puedo destacar es el escrupuloso seguimiento que Manu realiza a los pacientes antes y después de la sesión, siempre con una sonrisa y toneladas de amor y empatía. Muchas de las ceremonias organizadas por él a las que he asistido eran oficiadas por Oswaldo Bola, chamán ecuatoriano con quien recibí la primera gran reprimenda de la abuela (más detalles en la página 45 de la revista Alter Consciens). Años después, el exceso de autoritarismo y la obcecación de Bola hacia mi compañera hicieron que me apartara de sus ceremonias. Dicen que ha dejado atrás aquella etapa, y que las sesiones que dirige en la actualidad junto a Pilar son verdaderamente hermosas, y no dudo que así sean, pero no he vuelto a sentir hasta el momento que me impulse hacia ellas el corazón. Debido a discrepancias metodológicas, hace tiempo que Manuel y Oswaldo distanciaron también sus trayectorias profesionales.

Danae Sanz, psicóloga clínica chilena, comienza su intervención poniendo énfasis en el desarrollo espiritual dentro de la evolución personal, un trabajo importante que se realiza en el centro Takiwasi, donde lleva un año en el equipo terapéutico acompañando a drogodependientes que buscan acabar con su adicción. Su primer encuentro con la ayahuasca fue en Chile, con un curandero peruano, una experiencia muy profunda que marcaría su vida para siempre. «En esa experiencia vi aspectos muy profundos y centrales de mí misma de una manera tan clara y tan patente que no creo que hubiera sido posible verlos con tanta claridad de otra manera». Aquello le sirvió para descubrir el gran potencial catalizador, psicoterapéutico y de evolución personal de esta sustancia y otras plantas maestras. «El consumo de ayahuasca dentro del contexto tradicional indígena o mestizo de los pueblos amazónicos apunta más bien a resolver problemas de salud o problemas sociales, o para explorar el mundo espiritual. En ese paradigma indígena no existe el concepto de evolución o desarrollo personal, ése es un concepto más bien del paradigma actual en el mundo occidental, que en cierta manera ha perdido este contacto con el interior, con la sacralidad, con esa parte religiosa o espiritual del ser humano». En este sentido, menciona a la ayahuasca como «una herramienta importante en esta reconexión del ser humano consigo mismo», siguiendo «un modelo secuencial que no es rígido sino que lo experimentamos como olas de experiencias que se van haciendo cada vez más sutiles». «Esta percepción del mundo desde el interior permite que nos vayamos haciendo cada vez más intuitivos», añade. Según Danae, la ayahuasca nos permite reconocer con honestidad nuestras fortalezas y debilidades, liberarnos de nuestros obstáculos interiores y exteriores o experimentar la divinidad en nuestro interior para llegar a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, para ser quien realmente somos, sin interferencias, alcanzando así una madurez que permite sostenerse uno mismo y dejarse sostener cuando sea necesario. Entre las revelaciones principales que podemos experimentar con la ayahuasca, la terapeuta destaca el perdón (a uno mismo y a los demás) y la gratitud, que «llevan a esta reconciliación consigo mismo que permite aceptar mejor nuestra vida así tal cual es, como nosotros somos, permitiendo también que las distintas partes antagónicas que antes nos dividían comiencen a acercarse y a unificarse». Y finaliza su intervención aludiendo al desafío que supone poner en práctica este conocimiento: «Bajar esta información, llevarla a la práctica, es lo que realmente genera un cambio en la vida».

La mesa acaba con Josep Maria Fericgla, doctor en Antropología que recientemente ha creado una fundación con su nombre, cuya charla comienza hablando del peligro de que se simplifique la fórmula de esta medicina: «La ayahuasca no es sólo Banisteriopsis caapi y Diplopterys cabrerana o Psychotria viridis: hay muchas mezclas posibles, que se llaman ayahuasca o natem o cualquiera de las casi cien denominaciones vernáculas que tiene esta mezcla». El antropólogo catalán lo compara con la cultura del vino, donde existen numerosas variedades muy diferentes, y recuerda que «incluso a veces en la Amazonía se usa la ayahuasca para matar». Seguidamente, pasa a discutir los términos utilizados por sus compañeros de mesa:  «El lenguaje es lo más sagrado que tenemos los humanos, con el lenguaje construimos la realidad, es nuestra herramienta simbólica, nuestra herramienta de comunicación, nuestra herramienta autopoiética… De ahí que me gusta utilizar correctamente el lenguaje y cuando utilizo una palabra saber exactamente qué quiero decir con aquella palabra. Los romanos de la época imperial decían “cada uno vive como habla”, y os aseguro que es literal: cada uno vive como habla. Entonces, a pesar de que este simposio se llama “Ayahuasca y desarrollo humano”, (…) es una expresión errónea desde mi punto de vista. De ahí que me gusta usar la expresión “cultivo del mundo interno”. Cultivar implica una acción intencional, implica empatía, implica algo orgánico, sólo se cultiva lo orgánico, lo vivo, implica amor incluso, cuando uno cultiva su huerto lo cultiva con amor. En cambio, desarrollo es algo mecánico, o sea, se desarrollan cosas inorgánicas, etcétera». Después, nos explica su visión de la vida: «Para mí, la humanidad se divide en dos calidades de personas: los que buscan y los que han dejado de buscar, y supongo que la mayoría de los que estáis aquí sois buscadores, o eso espero. Y los que buscan, en el sentido de cultivarse por dentro, buscan un sentido de la vida, buscan respuesta a sus preguntas, y me imagino que estáis en esta categoría humana, aunque no dudo que haya algunos que busquéis un filón, una mina de oro, aprendiendo a usar la ayahuasca para, cuando se legalice, poder montar vuestro centro, como ya pasa actualmente». Pese al profundo respeto y admiración por la labor que Chema lleva realizando desde hace tres décadas, en esta ocasión me veo obligado a discrepar.

Precisamente creo que la realización espiritual, al igual que en un viaje con ayahuasca o con cualquier otro enteógeno, tiene lugar cuando te rindes, cuando dejas de buscar, cuando eres capaz de amar y aceptar lo interior y lo exterior, lo que llevas dentro y todo lo que te rodea, tal cual es, todo el tiempo, sin necesidad de cambiarlo, cuando dejas de ser un aprendiz que ha de perfeccionarse y comienzas a vivir como el ser divino y perfecto que eres, entregando tu ego a la unión universal, a esa dimensión superior de la que todos formamos parte. No hay nada que buscar, no hay posibilidad de desarrollarse más o cultivarse por dentro porque ya somos, perfectamente, dios, creando y manifestando su amor, eterno e infinito, por los siglos de los siglos. Así pues, siento decepcionar a Fericgla, pero yo, si he de elegir, me sitúo entre los que han dejado de buscar.

«El conocimiento de uno mismo es desapego, cuando sabes que no careces de nada, que todo lo que existe eres tú y es tuyo, cesa el deseo, no perturbes tu mente con búsquedas, la mente está interesada en lo que pasa, mientras que la conciencia se interesa en la mente misma» (Nisargadatta).

No obstante, continuemos con su intervención: «El cultivo de uno mismo siempre empieza haciéndose preguntas. Una persona que no se hace preguntas no está cultivándose nada por dentro, por mucha ayahuasca que tome. Hace tiempo que sé que no hay ninguna respuesta, pero a pesar de ello uno tiene que hacerse preguntas. (…) Hay diversas calidades de consciencia: hay una consciencia de nivel bajo, puramente reactiva, instintiva. Una persona que se mueve con esta consciencia es como una bola de billar, sin saber dónde va ni para dónde se mueve. Luego hay una consciencia de un nivel mayor, más rica, más amplia, que sólo se puede conseguir con mucho esfuerzo, y es la consciencia de mayor calidad. (…) Yo hace años que trato a personas con ayahuasca y conozco personas malas que han tomado muchos litros de ayahuasca y siguen siendo malas personas». Este cultivo interior, según Josep Maria, requiere honestidad con uno mismo y con el entorno, a través del lenguaje.

En mi opinión, más allá del lenguaje y las preguntas, lo que resulta peligroso es seguir dividiéndonos entre buenos y malos, conscientes e inconscientes, buscadores y no buscadores, de izquierdas y de derechas, y creer que unos son mejores que otros, y que para pertenecer al equipo de los buenos hace falta esfuerzo: esforzarse significa seguir luchando por cambiar, pues hay algo dentro de nosotros mismos, o en ese exterior donde nos vemos reflejados, que no hemos acabado de aceptar, algo que no amamos y que peleamos por cambiar. Tras la muerte del ego, un ser que ha descubierto su divinidad fluye, sin ningún tipo de esfuerzo, plenamente conectado, y honesto, por supuesto, pero no hay ninguna cima que alcanzar ni ninguna batalla que librar: sólo es necesario soltar, fluir, surfear la ola, dejar nuestra voluntad en manos del ser supremo que encarnamos, en completa unidad con todo cuanto nos rodea, tan perfecto y divino como nosotros mismos.

Fericgla continúa: «Cuando se tienen estas experiencias trascendentes, más bien se habla poco de esto. Por ejemplo, aquí estamos hablando, desde mi punto de vista, demasiado sobre la ayahuasca y la experiencia con ayahuasca. Yo no os voy a contar mis experiencias con ayahuasca, vosotros habéis tenido las vuestras y son tan valiosas como las mías, supongo, ¿no?, con lo cual no voy a contar mis experiencias ni interesan mis experiencias de cuando empecé o las actuales a nadie». Tal vez hubieran tenido más interés que esta persistencia en la separación, y es que, al fin y al cabo, uno sólo puede contar su propia historia, sin necesidad de criticar lo que hacen los compañeros. «Que yo sepa, siempre hay un mismo punto de salida en todas las técnicas, métodos y tradiciones de cultivo del mundo interno: aceptando que sé muy poco (…) No puedo pensar que entiendo todo lo que no es evidente. En cuanto una persona reconoce que sabe muy poco, a pesar de su experiencia y sus estudios académicos, te das cuenta de que el cielo y la Tierra y el mundo interno y el mundo externo están llenos de fenómenos que están más allá de nuestro entendimiento, que ni con ayahuasca se pueden llegar a entender. Y entonces, uno empieza a aceptarlo, y empieza a aceptar una realidad inefable, empieza a aceptar una realidad que fluye, una realidad viva, no encasillada en categorías». Completamente de acuerdo, habrá que aplicarse el cuento…

La primera vez que tomé ayahuasca en mi vida fue con Fericgla, en Can Benet Vives, durante el octavo seminario sobre «Estados modificados de consciencia, desarrollo personal y psicoterapia» (cuya crónica puede leerse en la página 46 de la revista Alter Consciens). Sentado en una silla, en completa oscuridad, recuerdo cerrar fuertemente los ojos, y abrirlos, en espera de percibir algún tipo de visión, de cambio interior, de algo… Nada. Ni con la primera, ni con la segunda toma. Demasiadas expectativas, tal vez, o una dosis demasiado prudente, o que no ayuné lo suficiente, o no estaba preparado, el caso es que resultó ciertamente insípida. Por lo visto, muchas personas no advierten nada en su primera experiencia, y es algo que me ha sucedido más veces posteriormente: no notar efecto alguno, ni aun con dosis bestiales, y con compañeros de viaje voladísimos a mi lado. Menos mal que sólo me ha ocurrido en un porcentaje pequeño respecto al total de sesiones realizadas. ¿Caprichos de la abuelita? Vaya usted a saber…

Mientras tanto, en la sala 2 llega el turno de las ciencias sociales. Kenneth W. Tupper y Bia Labate ofrecen críticas reflexiones sociológicas y filosóficas sobre ayahuasca y otros psicodélicos como objetos de investigación científica en medicina y salud. Por su parte, Neil White presenta su estudio sobre representaciones sociales del yagé entre un grupo de jóvenes en Cali (Colombia), y Alex K. Gearin Brisbane nos habla sobre espiritualidad de la ayahuasca en Australia. En cuanto a los usos indígenas, Isidro Marín Gutiérrez desarrolla la investigación que ha realizado con Silvia Libertad Vaca y María Elvira Aguirre Burneo sobre el ritual de la ayahuasca en la región de Zamora Chinchipe (Ecuador), y Erika Mesquita bucea en la cultura ashaninka para mostrar la relación de los chamanes con los «dueños del clima» a través de la ayahuasca, la cual actúa de puente entre los dos mundos.

Paralelamente, en la sala 3 se proyecta el documental Curanderos (Victor Guillon y Julien Mauranne, 2011), que recoge una serie de entrevistas filmadas en la región de Nariño, al sur de Colombia, sobre chamanismo ayahuasquero.

Después, podemos presenciar la dieta de diez días, narrada en forma de diario, que realiza el propio director con el chamán peruano Don José Campos en Living with Spirits (Michael Wiese, 2012).

Cristina Patriota (Brasil) y Carmen Tucker (Estados Unidos) resumen en la sala 4 el trabajo que realiza en sus respectivos países la iglesia ayahuasquera União Do Vegetal (UDV), con más de 17.000 miembros por todo el mundo. Por otro lado, Shira Kalev y Nara Carvalho presentan el proyecto «Plantar e Colher», de la asociación Tribo de Tupã, para la plantación de Banisteriopsis caapi y Psychotria viridis, preservando así las medicinas ancestrales y ofreciendo la posibilidad de adoptar tu propia planta. El último en hablar es Pieter Stokkink, de la fundación holandesa OPEN Stichting, dedicada a la divulgación de investigaciones con psicodélicos.

Durante la pausa para el café, un buen amigo me ofrece un pedacito de secante impregnado con LSD, el cual ingiero automáticamente y aporta una nota de amplificación sensorial a lo que resta de jornada.

Una vez administrada nuestra dosis matutina de cafeína, comienzan en el auditorio los usos religiosos de la ayahuasca. Rosa Melo, doctora en Antropología Social especializada en religiones brasileñas, comienza hablando de la União Do Vegetal (UDV): «Cuando Mestre Gabriel creó la UDV, estableció un ritual centrado en la noción de crecimiento espiritual o evolución espiritual que enfatiza el autoconocimiento como el valor por el cual el seguidor es promovido a través de los diferentes pasos en esta sociedad estratificada. Por ello, entiendo la UDV más como una empresa religiosa basada en el progreso y la evolución que como una religión del bosque».

Y ahí me quedé. Pensaba continuar con la crónica, y tenía varias puntualizaciones en el tintero. Luego extravié mis apuntes, y me embarqué en un intrincado viaje que me ha mantenido durante meses desconectado de la red, pero el contenido de lo que se expuso con posterioridad puede encontrarse fácilmente, por ejemplo, aquí. O allí.

Y, mientras escribo estas líneas, llega hasta mis ojos la noticia de la siguiente edición: la II World Ayahuasca Conference, que tendrá lugar del 17 al 22 de octubre en Río Branco (Brasil) y que contará, de nuevo, con un selecto elenco de psiconautas y exploradores de la consciencia que diseccionarán las entrañas de esta sagrada medicina. ¡Enhorabuena, compañeros! Nos vemos en el hiperespacio…

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